Un libro se publica en París en 1967. Su autor es Guy Debord, y se titula La sociedad del espectáculo. Otro aparece en España en 2012: La civilización del espectáculo, de Mario Vargas Llosa. Aunque provienen de contextos distintos —uno marxista y otro liberal-derechista— ambos coinciden en una idea central: la sociedad debe ser entendida como un espectáculo para poder analizarla, no solo para consumirla.
Los ensayos de Debord y Vargas Llosa mantienen una vigencia que los hace dignos de estudio. Debord desarrolla una crítica marxista y situacionista, describiendo el espectáculo como una herramienta de alienación capitalista. Vargas Llosa, desde una perspectiva liberal, denuncia la pérdida de valores estéticos e intelectuales y la desaparición de una “alta cultura” jerárquica. Mientras la obra de Debord es filosófica y abstracta, la de Vargas Llosa es una radiografía cultural concreta, centrada en literatura, periodismo y política.
Redes sociales: medio y trampa
Observamos que las redes sociales no son negativas en sí mismas; son un medio. El problema surge cuando la banalidad, la confrontación vacía, la maledicencia y la normalización de la crítica tóxica se apoderan de los contenidos, captando nuestra atención más allá del “Minuto de Oro” —el momento que genera mayores ingresos para sus figuras estelares—.
Un ejemplo claro: tras los Premios Soberano 2025, celebrados el 18 de marzo, las redes sociales se llenaron de debates sobre vestimenta, inconformidad de los no ganadores y comentarios tóxicos, mientras se ignoraba la calidad de la producción televisiva, la escenografía, las interpretaciones musicales y de danza, y la brillantez de discursos humorísticos y premiaciones justas.
El diseño de plataformas con scroll infinito provoca lo que se llama “zombie scrolling”: un desplazamiento obsesivo que genera un consumo inconsciente de contenido durante largos periodos, viviendo la sociedad como un escenario que se observa más que se comprende.
Reflexión final
Debord y Vargas Llosa nos recuerdan que consumir espectáculos no es suficiente; debemos leer, estudiar y actuar socialmente. Solo así podemos desarrollar la capacidad de crear contenidos con sentido y trascender la pasividad que las redes y la banalidad digital promueven.
Para quienes quieran profundizar, existen abundantes contenidos en YouTube sobre ambos libros, que permiten acercarse a estas teorías y contextualizarlas en la sociedad de la información actual.
Por José Rafael Sosa



