Por José Rafael Sosa
Este jueves 17 de abril se estrena en salas de cine Milly, reina del merengue, una producción dominicana que se perfila como una de las más relevantes del año y un referente dentro del cine biográfico nacional.
Dirigida por Leticia Tonos, una de las cineastas más destacadas del país por la consistencia temática y el impacto de su filmografía, la película sobresale por su enfoque de género, su riqueza visual y su profundidad emocional. La interpretación de Sandy Hernández se erige como uno de los grandes aciertos del filme, aportando fuerza y sensibilidad al retrato de la icónica artista.
La cinta logra estar a la altura de la trascendencia de Milly Quezada, al presentar no solo su trayectoria artística, sino también su dimensión humana. A través de una narrativa que integra música, historia y emoción, la obra aborda temas como la migración, la fe, la resiliencia y la identidad femenina en la diáspora dominicana.
Con una filmografía que incluye títulos como La Hija Natural (2011), Cristo Rey (2013), Juanita (2018), Mis 500 Locos (2020) y Aire: Just Breathe (2024), Tonos alcanza aquí uno de sus proyectos más logrados. La dirección se apoya en una cuidada fotografía que recrea con precisión la estética de los años 70, así como en un sólido trabajo de vestuario, coreografía y selección musical.
En términos dramáticos, la película profundiza en el duelo y la depresión tras la pérdida del esposo de la artista. El ritmo narrativo, que por momentos desacelera de forma intencional, acompaña ese proceso emocional, ofreciendo un tratamiento serio y respetuoso de la experiencia migrante, sin caer en patriotismos superficiales.
Como corresponde a un filme musical, el diseño y la mezcla de sonido juegan un papel fundamental, destacándose como uno de sus mayores logros. El montaje, dinámico y enérgico, potencia especialmente las secuencias de baile, mientras que la ambientación de época —en vestuario, peinados y escenografía— aporta autenticidad al relato.
Más allá de su carácter biográfico, la película se convierte en una metáfora de la diáspora dominicana, del liderazgo femenino en la música popular y de las tensiones entre éxito, familia y fe. Su capacidad de emocionar quedó evidenciada al provocar lágrimas tanto en el público como en la propia Milly Quezada durante una de sus proyecciones.
Milly, reina del merengue confirma la madurez del cine dominicano, capaz de abordar sus figuras contemporáneas sin caer en la complacencia. Tonos construye una obra que honra a su protagonista sin idealizarla, entendiendo el biopic como un espacio vivo de contradicciones, pérdidas y conquistas.
La película no solo reafirma el lugar de Milly Quezada como ícono cultural, sino que también valida el musical biográfico como una forma expresiva sólida dentro de la cinematografía nacional. En su cruce entre memoria, emoción y puesta en escena, demuestra que contar la vida de una figura también es una manera de narrar la historia de un país.
El estreno en salas representa, además, una oportunidad para el público de conectar con una de las producciones más significativas del cine dominicano en 2026.
Ficha técnica
Título: Milly, reina del merengue (2025)
Género: Biografía, musical
Dirección: Leticia Tonos
Guion: Leticia Tonos y Junior Rosario
Productora: Leticia Tonos
Producción: Línea Espiral (RD), Belle Films (PR) y Reaktor (PR)
Productora en línea: Leticia Brea
Música original: Luichy Guzmán
Cinematografía: Pedro Juan López
Montaje: Juanjo Cid
Elenco: Sandy Hernández, Juan Carlos Pichardo, Jalsen Santana, Nicole Padrón, Raidher Díaz, Carasaf Sánchez, Raymond Moreta, Cindy Galán, Gracielina Olivero, Marisabel Marte, Braulio Castillo, Pavel Núñez, Jandy Ventura, Ramón Tolentino y DJ Topo.



