Turista británico pereció en violento accidente en South Beach. Su familia confrontó al hombre que lo mató

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Hace tres años, Andrew Hamilton, un turista británico que visitaba South Beach por primera vez, murió cuando un convertible BMW lo atropelló a una velocidad tremenda de 90 millas por hora (mph) cuando cruzaba Collins Avenue.

Para añadir más angustia a la que ya siente la familia de la víctima, Hamilton ni siquiera se suponía que debía hacer el viaje. A última hora, un grupo de amigos le pidió que fuera, después que otro dijo que no podía hacer el viaje. “Si no hubiera hecho ese acto de generosidad, todavía estaría con nosotros”, dijo el miércoles su padre, John Hamilton, en una corte criminal del Condado Miami-Dade.

Hamilton murió el 13 de octubre de 2015. Tres años más tarde, el hombre que conducía el BMW se declaró culpable de un accidente en el que se dio a la fuga y que quedó captado en un atroz video de vigilancia que desató una cacería humana que duró nueve meses.

El impacto fue tan fuerte que dañó enormemente a Hamilton y lo lanzó a unos 230 pies de distancia. Él mismo un turista de Nueva York, Strachan dejó el automóvil y echó a correr, dijo la policía. Un video de vigilancia del Hotel Tudor Hotel, en la calle 11 y Collins captó el aparatoso accidente, y las cámaras del Royal Palm filmaron a Strachan cuando regresaba a su habitación del hotel y luego se iba.

Tanto el auto como el hotel estaban alquilados a su nombre. Strachan huyó a Georgia, y pudo ser por fin capturado al siguiente verano. Cuando lo atraparon, Strachan admitió todo ante la policía de Miami Beach. “Mi cliente confesó porque las imágenes del accidente lo atormentaban y no lo dejaban vivir en paz”, dijo el abogado defensor Andrew Rier.

Hamilton, de 27 años, se crió con dos hermanas en el pequeño poblado de Saltney, cerca de Liverpool. Trabajaba en el sector de las reclamaciones de seguros y pensaba seguir una carrera en recursos humanos, dijeron amigos y familiares en documentos judiciales. Hamilton y su novio, Andrew McMahon, compartían el mismo nombre. McMahon lo llamaba afectuosamente el “Pequeño Andrew”. “Teníamos muchos sueños por cumplir, pero no los alcanzamos. El 13 de octubre de 2015, mi vida cambió para siempre.

Mi mundo se vino abajo y me quedé con el corazón destrozado”, escribió McMahon en una carta a la corte. Hamilton dejó seis sobrinas y sobrinos, entre ellos Phoenix Hamilton, de ocho años. En la corte, corrieron las lágrimas, hasta para el veterano fiscal Justin Funck. “No había un solo ojo seco en el tribunal”, dijo después Funck. La madre y el padre de Hamilton volaron desde Inglaterra para estar presentes en la audiencia.

John Hamilton suspiró profundamente, con los ojos enrojecidos, las manos temblándole ligeramente, y avanzó hacia el estrado para dirigirse a la jueza de Circuito de Miami-Dade Marisa Tinkler Méndez. Andrew Hamilton dijo que, al principio, la familia, solo sentía “ira, odio y dolor”. “¿Por qué? ¿Por qué?”, preguntó una y otra vez John Hamilton, mirando al acusado que estaba sentado a pocos pasos de él. “Strachan no ha demostrado ningún remordimiento por haber matado a nuestro hijo. ¿Por qué?”.

Con un mono de preso y con grilletes en los tobillos, Strachan mantuvo baja la cabeza, fotándose nerviosamente las manos. Pidió disculpas a la familia. John Hamilton se negó a escuchar y abandonó la sala. “Lo siento”, murmuró Strachan. “Fue un accidente terrible. No fue intencional. No puedo decir nada más que lo siento mucho”. Tenía la voz quebrada por la emoción. Fuente, www.elnuevoherald.com

 

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